El día 10 de Diciembre es el día mundial de los derechos de los animales. Esta entrada lleva escrita ya unos días pero qué mejor fecha para hablar de un tema que nos avergüenza como sociedad y que lamentablemente cada semana está presente…

Cada vez con más frecuencia podemos leer en los medios noticias de asesinatos de animales. Ahogados en un río, tirados vivos a un contenedor, enterrados vivos o ahorcados en un árbol tras acabar la temporada de caza. El maltrato animal se va haciendo cada vez más visible pero es una realidad contra la que luchan cada día los voluntarios de protectoras y amantes de los animales. Todos los días hay casos, algunos de auténticas torturas.

En este artículo os voy a hablar de la importancia de dejar de pensar que son travesuras de niños o que no tienen importancia. La violencia contra los animales está relacionada con la violencia contra las personas. El que no entienda que los animales sienten e importan, quizá debería plantearse las consecuencias para sí mismo y sus allegados de hacer la vista gorda con estas acciones…

Casi medio millar (492) de personas han sido ya detenidas o investigadas por la Guardia Civil durante el primer semestre de este año por delitos de maltrato y abandono de animales -unas 83 cada mes de media- cuando a lo largo de todo 2017 ascendieron a 662.

 

El gato que encabeza este artículo se llama Olaf. Fue quemado vivo con un soplete. Quemaron el 70% de su cuerpo y abandonado en el monte, donde fue localizado poco después.

Hay personas que aún no comprenden o no creen que los animales sean seres que sienten y que tienen emociones. Se estresan, se preocupan, pasan miedo o se alegran. Pero no todo el mundo lo cree. Para estas personas maltratar a un animal es “cosa de niños” o “solo un juego” o algo “que no tiene mucha importancia”. Pero sí que la tiene. Todos los que sabemos que un animal siente, confía y ama sabemos que se merecen respeto y cuidado. Los que no están de acuerdo quizá comprendan con este artículo la importancia de prevenir y controlar las agresiones a los animales, aunque sea por las consecuencias que puede llegar a tener para las personas.

Los primeros estudios que relacionan maltrato animal y potenciales conductas problemáticas datan de 1961.  Bueno, ¿y cuáles son esas conductas problemáticas con las que ya se relacionaba el maltrato animal hace más de 50 años?

 

El maltrato animal en la infancia: la antesala del maltrato a otras personas

Estos estudios se realizaron de forma retrospectiva. Los investigadores seleccionaron a un grupo de presos y otro de niños maltratados y analizaron la presencia (o no) de algunas situaciones concretas durante su infancia y en los años posteriores. En la mayoría de ellos se habían producido situaciones de maltrato animal.

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La conclusión a la que se llegó en estos estudios es que existe una evidencia de que los niños que han presenciado maltrato hacia los animales en su entorno familiar también han presenciado situaciones de violencia doméstica (o la han protagonizado). El maltrato animal se considera un indicador predictivo de maltrato a otras personas. A la inversa la relación no es tan significativa.

Las personas que son violentas con los animales rara vez se detienen ahí. Como decía Ovidio “la crueldad hacia los animales enseña la crueldad hacia los humanos”.

El maltrato animal supone una crueldad injustificada, falta de empatía y remordimientos o rechazo de normas sociales, características propias de algunos patologías mentales o transtornos antisociales de la personalidad, como la psicopatía. Estas patologías han sido muy estudiadas y pueden tener una detección temprana, por lo que es importante que ante casos de maltrato animal por parte de niños y jóvenes se les evalúe para detectar qué ha motivado el acto.

Por tener una idea del problema: cerca del 30% de los actos de violencia contra los animales es realizado por menores, muchas veces en grupo.

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Violencia doméstica y maltrato animal

El maltrato en el caso de la violencia de género también presenta una correlación con el maltrato animal. El maltratador también aplica su dominancia por cosas y seres vivos a los que el agredido está vinculado. Es decir, Para hacer daño a la persona el maltratador maltrata a sus animales. No olvidéis nunca que el maltrato a otras personas siempre es psicológico y además, en muchas ocasiones, físico. Para aumentar el problema de sufrir maltratos se está detectando que algunas personas maltratadas no busca ayuda o busca casas de acogida para no tener que abandonar a sus seres queridos. En el caso de los niños ya se prevee esta circunstancia. En el caso de animales, no. Se utiliza a los animales y la amenaza de causarles daño como medio para que la persona no busque una solución.

Casi un 70% de las mujeres víctimas de violencia de género, han denunciado que sus animales han sido maltratados o amenazados por el maltratador (Fuente)

En el caso de los niños este maltrato al animal no solo puede causarles dolor sino producir que en un futuro reproduzca estas acciones. Alrededor del 20% de los casos de maltrato animal se lleva a cabo en un entorno familiar. La familia es el lugar principal donde el ser humano crece y aprende los comportamientos, las emociones, los sentimientos y los rasgos que caracterizarán su personalidad. Si dentro del hogar abusar de otros es visto como algo normal, con toda probabilidad esta actitud será emulada por el niño.

Como explica la psicóloga Mireia Leal Molina: “Las razones por las que un niño llega a maltratar a un animal pueden ser varias: la falta de empatía, por haber sido víctima de abusos, maltratos o abandono; la falta de una educación adecuada, dirigida a reconocer el animal como un ser vivo, aunque diferente; o, finalmente, la emulación de los gestos violentos cometidos por los padres hacia él o hacia el animal, incluso para castigar al propio niño”.

“La crueldad hacia los animales no es una válvula de escape inofensiva en un individuo sano… es una señal de alarma”
Supervisor y Agente Especial del FBI Allen Brantley.

El Síndrome de Noé como maltrato animal

La forma más habitual de maltrato animal que conocemos es la directa. Es un daño intencional, una conducta violenta que produce daños físicos (heridas, mutilaciones, muerte) o psicológicos (por ejemplo miedo) a un animal. Pero también hay un maltrato indirecto producido por negligencia en los cuidados que necesita, la alimentación o el espacio donde habita.

El Síndrome de Noé es un transtorno que lleva a una persona a acumular un gran número de animales en casa (perros y gatos, principalmente) sin poder proporcionarles los cuidados básicos. Los enfermos que padecen un Trastorno de Acumulación de Animales (Animal Hoarding en su denominación en inglés) se muestran incapaces de reconocer los perjuicios que la situación supone para su salud, para la de la comunidad en la que residen y para la de los animales que acumulan. En muchos de los casos de acumulación de animales también se da un transtorno de acumulación de objetos (Síndrome de Diógenes), lo que puede provocar incendios, plagas o enfermedades por la falta de limpieza.

Y no solo se producen daños físicos en los animales. En palabras de la doctora Paula Calvo: “Los animales requisados en casos de Síndrome de Noé muchas veces tienen que ser eutanasiados debido a su pésimo estado de salud. El resto, habitualmente requiere atención veterinaria y, además, muestra graves problemas de comportamiento. Eso quiere decir que no son perros o gatos fácilmente adoptables. Y, por lo tanto, el trastorno de acumulación de animales se convierte en un problema con graves consecuencias tanto emocionales como económicas para las personas e instituciones de protección animal que trabajan con los animales rescatados. ”

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A pesar de que la persona acumula a estos animales en un intento de “salvarlos” de su situación (real o imaginada) lo cierto es que esta enfermedad provoca grandes daños en los animales.

 

¿Cómo pueden evitarse estas conductas?

El maltrato animal se combate con leyes que lo penalicen y con programas de sensibilización y educación. Es necesario aumentar desde la infancia la empatía con los animales y promover su relación con ellos. Los estudios demuestran que aumentar la empatía y reforzar este vínculo entre personas y animales disminuye la violencia y el riesgo social en situaciones desestructuradas.

Es necesario trabajar en el desarrollo de hábitos de convivencia y el fomento de la tenencia responsable, y en caso de alarma ante conductas crueles con los animales realizar evaluaciones que permitan detectar antes que sea tarde futuras conductas violentas.

Y es imprescindible saber detectarlo. Quizá sea un experto el que pueda determinar si se ha producido maltrato pero sí hay pistas que podemos observar y que puede llevarnos a buscar ayuda profesional: si el animal muestra gran miedo ante la presencia de la persona, sumisión, muestra heridas de las que no pueden explicarnos la causa o son explicaciones absurdas, muestra heridas e incluso heridas infectadas, pelo sucio y enredado…

GEHVA, el grupo para el estudio de la violencia hacia humanos y animales ha destacado una serie de indicadores especialmente dirigido a los profesionales veterinarios que persigue facilitar la detección de estos casos. Varios de ellos pueden ser observados por cualquier persona.

“Vivimos en una cultura en que la violencia no se esconde, aparece de manera abierta en medios públicos como la televisión, el cine e incluso en juegos para menores. Esta habitualidad de la agresividad puede llegar a causar un efecto de “tolerancia” en quien la vive. Pero esta manifestación agresiva no sólo se limita a los animales, sino que el maltrato animal es, un factor que predispone a la violencia social y, al mismo tiempo, una consecuencia de ella.”

Laura de Santiago Fernández
Máster en Criminalística y Máster en Psicología Forense

 

Aunque no he hablado de ello la cría de animales para venta entraña en muchas ocasiones maltrato animal. Los animales son explotados para conseguir el mayor número de crías en el menor tiempo posible. Escribiré también sobre este tema una larga entrada pero os dejo esta, publicada en El /caballo de Nietzsche este año que quizá os abra un poco los ojos a los que pensáis que en los centros de cría los animales corretean felices por los campos… Si quieres vivir con animal adopta, no compres. Y nunca regales animales.

 

Os voy a presentar un gato. Se llama Freedom. Es un gato de criadero. Fue encontrado en una colonia y por su actitud y tras un chequeo físico por veterinarios se determinó que había sido utilizado para cría. Durante su cautiverio no debía tener libertad de movimiento porque donde se le ponía, ahí se quedaba. Nunca había sido cuidado ni posiblemente acariciado según sus reacciones. Tampoco tenía fácil moverse porque de no haberle peinado nunca tenía el pelo lleno de nudos apelmazado. También con restos de heces y orina. La suciedad se había solidificado en las patas y en el rabo. Tenía una herida inexplicable de 10 centímetros y varias mordeduras que ni los veterinarios llegaban a explicarse del todo. Por el contrario la zona de sus órganos sexuales estaba cuidada y rapada. Era la única parte que habían mantenido arreglada. No llegaba a los 2 años de edad. Su primera ayuda al llegar a la protectora fue raparle entero para poder quitarle toda esta suciedad. Y Freedom resultó ser un gato mimoso y agradecido. Tras mucho cariño y dedicación por parte de los voluntarios de la protectora ADAAC en Colmenar Viejo y su adoptante, ahora forma parte de un hogar y está maravilloso.

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Más información:

El maltrato animal desde un punto de vista criminológico

El maltrato animal como indicador de riesgo social

 

Y gracias a Mamá psicóloga por sus apuntes para poder elaborar este artículo.