Tengo un defecto importante (que voy a mantener, que conste). Cada vez que conozco a alguien termino preguntando antes o después si tiene gato y/o si piensa adoptar alguno. La versión felina del “y tú, ¿para cuándo vas a tener niños?” Es lo que tiene estar enamorada de estos adorables peludetes… De sus respuestas aprendo y surgen ideas para nuevos artículos. Voy a empezar a hablaros de los principales miedos que encuentro sobre las relaciones con los gatos. Para empezar, los celos.

Leí hace unos meses que existen más de 7 millones de perros y gatos viviendo en los hogares españoles. Sin embargo no se habla de ellos durante la época escolar y a la larga mucha gente solo conoce sus necesidades básicas.

Cuando se desconoce la psicología y el lenguaje del animal se tiende a interpretar las situaciones que surgen desde el punto de vista que sí conocemos, el humano. El error viene si explicamos el comportamiento de un gato como si fuera un miniyo: le humanizamos. Cada gato tiene su carácter y personalidad, propio y diferente. Siendo objetivos, analizando sus respuestas y observando su lenguaje es posible entenderlo y conocerlo. Pero si no se tiene una base para comprenderlo terminamos reflejando nuestros sentimientos y forma de ver la vida en ellos. También nuestros miedos y prejuicios. Y para ellos también supone confusión porque no entienden por qué les tratamos de una cierta manera que no tiene nada que ver con lo que el gato os está mostrando.

Para dejar las vaguedades, voy a hablaros de cambios frecuentes que se producen en casa. Estos cambios en la rutina producen miedos y cambios en el comportamiento del gato y se asocian a veces con posibles celos.

 

El gato, el embarazo y el nuevo bebé.

La llegada de un nuevo miembro suele ser una gran noticia pero cuando la familia tiene un gato en la casa pueden surgir las dudas y los miedos. Y a veces esos miedos se traducen en un abandono del animal. Es una acción innecesaria. El gato no supone un peligro para el bebé, ni siquiera durante el embarazo. Pero el desconocimiento y la presión de los demás puede producir un abandono injusto y doloroso para el animal.

Cuando una mujer está embarazada debe tener en cuenta que para el gato la llegada del bebé no va a ser una sorpresa. Ya sabe que está ahí. Un gato tiene sentidos muy finos. Es capaz de escuchar los latidos y olerle antes de nacer. Y se acercará con curiosidad y con interés.

 

Y también lo hará cuando llegue el bebé a casa.

Con frecuencia y por la seguridad del bebé en esos momentos es cuando se empiezan a limitar los movimientos del gato. Que no se acerque cuando se amamanta al bebé, que no duerma junto a él, que no se suba al sofá si el bebé está en él… Todo gira en torno al bebé y el gato lo nota y siente que no es bienvenido. Ha podido moverse libremente por la casa desde que llegó allí pero ahora que hay un nuevo miembro ya no puede. Siente la tensión de las personas cuando se acerca a él, se le regaña, incluso se le castiga… Y termina por asociar al bebé con algo malo y acercarse a él con miedo o a la defensiva.

Nuestra inseguridad y nuestra tensión es la que provoca la mala situación y también una errónea interpretación de su lenguaje.

Si no se conocen las señales que el gato nos envía continuamente se da una interpretación errónea de lo que ocurre. Y se empiezan a escuchar frases como “cada día se porta peor, no para de maullar”, “desde que el bebé ha llegado se mea en nuestra cama”, “no quiere para nada a mi bebé”, “mi gato estaba tumbado en la cuna intentando asfixiar a mi bebé”…

Las primeras frases son una falta clara de entendimiento. La última frase, viniendo de alguien que tiene en su casa un gato es demoledora. Un gato no tiene instintos asesinos, ni sentimientos de odio ni de venganza. Es más, tu gato te ama y el bebé es parte de ti, ¿cómo no va a quererlo? ¿Y tú cómo puedes pensar eso de él?

bebes
(Todas las imágenes se han encontrado haciendo una simple búsqueda de “bebé y gato”. Imposible determinar las fuentes originales…)

La cuna es un espacio nuevo, cómodo, seguro. El gato querrá subir a ella. Y más si también se encuentra el bebé, con el que querrá dormir y al que querrá dar su calor y proteger. Por seguridad para el bebé es importante que en las primeras semanas no duerma con él, no por sus inexistentes instintos asesinos sino por una cuestión biológica. El bebé en las primeras semanas no tendrá movilidad. Si el gato duerme demasiado cerca de su cara puede asfixiarlo porque él no moverá la cabeza pero nunca, en ninguna situación, será un acto deliberado. Lo mejor es que en un principio y hasta que el bebé pueda moverse por si mismo el gato no pueda acceder a la habitación si el bebé está durmiendo y que no estén solos sin supervisión. Pero en ningún caso es porque el gato vaya a querer asesinar al bebé.

Los gatos no son amantes de los cambios bruscos y un nacimiento trae multitud de cambios, tanto físicos como en la rutina diaria. Pintar, comprar nuevos muebles, quizá incluso mover los espacios del gato. Si tu gato es seguro y calmado quizá no le afecte demasiado pero en la mayoría de casos estos cambios pueden provocarles miedo, inseguridad e incluso angustia, sentimiento de abandono…

Necesita un proceso de adaptación para las nuevas situaciones diarias. No hay que decir al gato que no se acerque al bebé, solo enseñarle que es delicado y que debe tener cuidado. Y la mejor forma para favorecer este acercamiento es premiando los momentos tranquilos. El gato antes recibía tu atención, y ahora sigue necesitándola. Es más, necesita aún con mayor fuerza saber que sigue siendo importante para ti aunque haya cambios y un nuevo miembro en la familia. Si se siente abandonado o inseguro llegarán las muestras de ansiedad y sus intentos para llamar la atención: maullidos, orina fuera de su arenero, más actividad nocturna…

Dejarle oler al bebé es vital. Mediante el olor el gato obtiene mucha información (salud, el sexo…); para él es muy importante. Podemos facilitar la llegada y presentación del bebé si mientras está en el hospital alguien puede llevar ropa que tenga el olor del bebé para que el gato vaya investigando. Así ya estará preparado para su llegada.

 

 

Y cuando llegue lo mejor es que sea el propio gato el que marque los tiempos y las pautas. Quizá sea suficiente con dejar al bebé en un lugar accesible y que el gato se acerque a olerle y verle. No le cojas. Para él es un momento de estrés, un cambio a afrontar y una nueva persona, y debe asegurarse de que es una situación que puede controlar. Si le coges en brazos puede estresarle más por la inseguridad y el no poder escapar si es necesario. Quizá pase un tiempo escondido, sobre todo si el bebé llega con familiares o amigos. Déjale tiempo, ya saldrá cuando quiera.

Es posible que quiera tocar el bebé. No va a querer hacerle daño pero por la piel delicada que tienen los bebés es mejor que recortes sus uñas antes (antes de que el bebé llegue a casa, no cortárselas justo cuando más estresado está).

Que reciba mimos y premios mientras está con el bebé hará que lo asocie con una buena situación en la que puede sentirse seguro y querido. Simplemente si no queremos que se acerque por ejemplo si está dormido puedes apartarle con tranquilidad mientras le hablas con dulzura. Entenderá que es algo que no quieres que haga pero que no está siendo castigado. Darle comida húmeda y chucherías para comer al lado del bebé será útil porque asociará algo que le gusta mucho con el olor y la presencia del bebé.

Solo hace falta un poco de interés y ellos se adaptarán.

 

Os dejo unos vídeos de presentaciones de gatos y bebés para que veáis lo tranquilo que puede ser si se confía y se da espacio al gato.

Para los que tengáis ya gato, mirad los vídeos y observad su lenguaje corporal: orejas hacia delante y arriba, cola mostrando calma e incluso alegría, pupilas normales, cuerpo relajado… Enseguida detectaréis también a los peludos que se sobresaltan en algún momento. Todos se alejan. Cada gato tiene una personalidad, unos son más curiosos, otros son más tímidos, algunos son asustadizos… Adaptad la presentación del bebé a su forma de ser y sus necesidades y todo irá bien.

Recordad siempre que hay un peligro el instinto del gato le empuja a huir, nunca  a atacar si tiene alternativas.

(Nota, el gato gris cerca del minuto 4 habría necesitado una silla junto a la cuna para poder verlo correctamente. ¿Qué hacen los gatos cuando tienen curiosidad y no ven qué pasa sobre una mesa? Subirse de un salto a ella…)

Si no conocéis el lenguaje de los gatos es momento de empezar a fijaros (ya no dejaréis de hacerlo). Os dejo algunas imágenes sencillas para tener algunas pistas, aunque tenéis que ver el lenguaje en su conjunto, no solo la cola o no solo las orejas… Cualquier duda, me preguntáis en comentarios!

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Mientras leía y contrastaba datos encontré esta entrada que os puede resultar interesante si queréis seguir leyendo sobre este tema: Cosas de gatos