El año pasado se abandonaron 137000 animales. 33000 de ellos eran gatos. Es muy complicado que todos ellos encuentren un hogar pero algunos lo tienen un poco más complicado, como los gatos negros, los que tienen una enfermedad o alguna capacidad diferente. Hoy os hablo de algunos de ellos, los gatos ciegos. Y de cómo nuestros prejuicios a la hora de adoptarlos son totalmente infundados.

Para empezar vamos a ver un vídeo de dos gatos jugando, a ver si adivináis cuál es el gato ciego.

La primera vez que vi el vídeo me sorprendí porque también pensaba que les costaría más jugar o moverse. Los prejuicios los tenemos todos hasta que empezamos a entender las cosas, y yo soy la primera. Había escuchado que se adaptan al ambiente pero tenía mis dudas. Bueno, pues ya no. Otro vídeo, gatete ciego subiendo a un arbolillo (y bajando luego, claro, porque ahí no se queda…)

La cuestión es que si un gato ciego llega a nuestra casa tenemos que tomar algunas precauciones lógicas para que pueda adaptarse rápidamente y encontrarse seguro, pero no debemos compadecerlo. Su capacidad de adaptación es mayor que la nuestra. Simplemente tenemos que quitarle de su camino algunos peligros lógicos, como haríamos con un bebé, y el gato hará el resto. El gato no siente que tenga una discapacidad, simplemente trabaja con lo que tiene.

 

¿Cómo es capaz de moverse con seguridad si no puede ver?

 

Los gatos son muy hábiles a la hora de crearse un mapa virtual del espacio que les rodea, y tienen una memoria prodigiosa. Si el gato ha perdido la vista estando en la casa recordará dónde estaban situados los muebles, los evitará y será capaz de localizar cada zona por olores, ruidos o texturas. Si el gato llega a un espacio siendo ciego se hará ese mismo mapa virtual pero más lentamente, investigando poco a poco lo que le rodea.

Los sentidos de los gatos están mucho más desarrollados que los nuestros así que a través de su oído, su olfato y el tacto a través de las almohadillas de sus patas podrá ir reconociendo el terreno. Al principio probablemente se choque algunas veces con paredes o con muebles pero recordará la posición y raramente volverá a suceder.

Los bigotes del gato también le ayudarán en esta exploración. No sé si os habéis fijado que no solo tiene bigotes (o su nombre técnico, vibrisas) bajo el hocico sino que tiene algunos sobre sus ojos, en la barbilla o incluso en la parte posterior de sus patas. Tiene entre 16 y 24 de estos pelillos rígidos. No solo están ahí plantados sino que el gato puede moverlos y orientarlos según sus necesidades en cada momento. A un gato con visión le sirve para compensar su falta de enfoque de cerca. En los gatos ciegos, aún más importante. Con ellos pueden captar estímulos táctiles que les permiten crear una imagen en tres dimensiones muy detallada de lo que tienen en frente. Por ejemplo, al beber pueden saber cómo de grande es el bol, si está lleno o no y a qué distancia está la superficie del agua. Y también por supuesto al andar podrá saber gracias a ellos si hay una pared o un mueble que pueda dañar su cara.

Otro dato curioso es que la longitud de los bigotes del gato coincide normalmente con el ancho aproximado de su cuerpo (si tiene un peso adecuado, la proporción falla si tiene sobrepeso). Teniendo en cuenta esa medida el gato puede llegar a saber si un espacio es demasiado estrecho simplemente metiendo su cabeza.

Este estupendo recurso combinado con el olfato aumenta su capacidad de orientación. Son tan sensibles que pueden detectar corrientes de aire y mediante el olfato determinar cuál es el origen de los olores. Los que ya tenéis gato en casa, ¿pensáis que si se quedara ciego sería capaz de llegar hasta la lata de comida húmeda? Vamos, yo no lo dudo ni un momento…

Por otro lado están las almohadillas de sus patas. Son una gran herramienta en el momento de la caza, porque recordemos que esa bolita de pelo que ronronea feliz mientras le acariciamos tiene un felino cazador en su interior. Las almohadillas están llenas de receptores que les permiten analizar la textura del terreno, su ubicación y la energía (y temperatura) de su presa, además de aumentar la tracción en superficies resbaladizas. Tienen una función de defensa, para tener claro cuando se llevan a la boca a su presa que ya no se revolverá y podrá herirlos. Al gatete ciego que anda por los pasillos de una casa le permitirán detectar diferentes texturas (por ejemplo al pasar del parquet del salón a las baldosas del suelo) o la temperatura de la zona (sobre todo si le gusta andar por la encimera de la cocina y puede pasar sobre una vitrocerámica caliente)

¿Aún no estáis convencidos? Cerrad los ojos vosotros y escuchad. El tictac del reloj. El ruido del motor de la nevera. Los coches que pasan por la calle. Notad el olor de la comida en el fuego. Y sentid la corriente del aire acondicionado. ¿Seríais capaces de llegar a la ventana? O al baño? Pues si nuestros gatos escuchan eso y mucho más, y huelen eso y muchos más, y sienten eso y mucho más, ¿cómo no van a ser ellos capaces? Pues sí, de eso y de mucho más.

 

¿Qué medidas puedo tomar para que la adaptación sea más rápida?

 

Es importante que tomemos algunas medidas porque nuestro gato es increíble pero tampoco tenemos por qué convertir su adaptación en una ghymkana.

La primera, la más lógica: intentar que el mapa virtual que crea el gato en su cabeza sea lo más estable y real posible. Si cada día cambiamos los muebles de sitio el gato se adaptará pero a base de choques y tropiezos, y quizá incluso de aumentar su inseguridad por no saber qué va a encontrar en cada momento. Así que sería ideal no mover los muebles y tratar de no dejar trastos (las bolsas de la compra, la aspiradora, la caja que trajo el repartidor, los juguetes de los niños…) mucho tiempo fuera de sitio.

Otra también lógica: evitar el acceso a zonas de peligro como ventanas abiertas, puertas al exterior, terrazas, chimeneas, escaleras (al menos al principio), piscinas… Que un gato sea ciego no implica que no vaya a querer investigar o que pierda su curiosidad. Si puede acceder a un sitio lo hará a ver qué hay. Es nuestro deber evitar que pueda acceder a esos sitios que puedan ser peligrosos. Si el gato tiene acceso al exterior es muy importante que sea a un sitio seguro y cerrado. En caso contrario un ruido o un animal podrían asustarlo y que saliera corriendo fuera de nuestro alcance o a zonas con tránsito de vehículos. Sería  recomendable en cualquier caso si sale que lo haga  con correa. En el exterior es presa  fácil y se desorientan con  facilidad.

Podemos empezar la adaptación dejando un espacio solo para él con todas sus cosas y que empiece a explorar el resto de la casa cuando él se sienta cómodo (si os fijáis, es lo mismo que haríamos con cualquier otro gato que llega nuevo a un hogar). Si tiene una habitación con su arena, agua y comida simplemente con el olfato podrá encontrar todo lo que necesita. Cuando se sienta seguro en ese espacio querrá empezar a averiguar qué hay alrededor. Puede ser útil dotar esta habitación de algún tipo de marca sonora por si el gato se desorienta y quiere volver a su espacio, por ejemplo una radio encendida, un reloj que haga tictac, juguetes que se enciendan solos de forma regular…

Es posible que al principio el gato vaya caminando cerca de las paredes. Es normal, se siente más seguro. Por ese lado no habrá nada que pueda atacarlo. También es posible que al principio choque o tropiece con algunos de los muebles. Es normal, es parte del proceso de aprendizaje y no debemos intervenir. Por estos mismos tropiezos es posible que durante las primeras semanas sus bigotes se vean más lastimados o incluso pierda alguno. Crecen de nuevo, no tiene importancia.

Una cosa importante, un gato ciego no se va a limitar a moverse en horizontal sino que igual que si no lo es querrá escalar y estar en las alturas. Para ayudarle a crear su mapa también en vertical podemos realizar algunas marcas sonoras que le permitan tomar medidas. Vamos a ver otro vídeo. Quiero que os fijéis en la precisión con la que el gato salta justo donde la persona tiene la mano.

Si puede detectar la distancia con esa precisión no tendrá ningún problema para medir distancias hasta una silla, una mesa o desde un mueble al suelo. Por ejemplo podemos ayudarle a subir a una silla si se para delante de ella y nosotros golpeamos levemente el asiento. O si le ponemos sobre la silla, podemos golpear el suelo para que sepa qué distancia debe bajar. Además recuerda que puede determinar texturas así que si le subes a un mueble con sus almohadillas podrá llegar a saber si le has puesto sobre el sofá, una silla, una mesa o la cama. Con un poco de práctica y tiempo podrá subir por si mismo a cualquier mueble o trepar un árbol rascador.

Una gran ayuda para su adaptación pueden ser otros gatos. Curiosamente se muestran mas pacientes y amistosos con gatos ciegos que con otros que puedan ver. Así que en vez de pelearse podrás ver que aunque se choquen no pasa nada, que el gato con visión sirve de lazarillo al ciego o que éste le persigue para jugar. Esa interacción le ayudará en su confianza y en movilidad por la casa.

 

Por cierto, en el vídeo que os puse al principio, los dos gatos son ciegos 😉

 

¿Y en cuanto a las personas…?

Solo falta que nosotros nos adaptemos también a él. Es imprescindible como antes os comenté que no olvidemos su personalidad a base de pensar en su falta de visión. El gato ciego querrá jugar, y querrá estar con nosotros. No penséis ni por un momento que se va a quedar sentadito en una esquina porque en cuanto tenga un poco de seguridad lo veréis corriendo detrás de una pelotita. Tan solo recordad comprar o hacer juguetes que puedan conllevar algún ruido para que les sirva de orientación, como pelotas de golf, muñecos con algún tipo de cascabel o que suenen como un animal, pelotas de papel que crujan…

Sus habilidades para la caza seguirán también ahí así que seguiréis viendo como atrapan las moscas que entran en la casa o en el exterior, como cae bajo sus garras algún pajarillo.

Si tan importante va a ser el oído en estos momentos debemos pensar también en el resto de sonidos que habrá en la casa. Ya sabéis que los ruidos imprevistos como petardos pueden asustar a los animales. En el caso de un gato ciego igual, o incluso tendrá más sensibilidad hacia estos sonidos porque no podrá ver si se acerca algún peligro. Si se producen ruidos fuertes de forma imprevista es importante que el gato sepa que está seguro. Nuestra voz calmada, o incluso acariciar al gato para que sepa que puede relajarse puede ser importante en esos momentos. Evitar los gritos, las carreras o la música alta pueden crear un entorno más tranquilo y relajado para el gato.

La voz también será importante para que el gato pueda localizarnos e identificarnos. Al hablar sabe que eres tú el que está cerca y exactamente dónde estás así que minimizarás la posibilidad de asustarlo por aparecer de improviso. Si le hablas antes de acariciarle también le sorprenderá menos el contacto.

Con paciencia incluso puedes llegar a determinar palabras que le ayuden a predecir qué va a pasar a continuación. Todo gato sabe cuándo le llamas porque aunque no comprende la palabra identifica el tono concreto de la pronunciación de esa palabra. Así que es posible que con paciencia pueda llegar a identificar palabras concretas y lo que conllevan, como “comida” o “salta”, que bien podrían ser “ragutdeternera” y “lasmontañasrusassondivertidas” porque lo importante es el sonido y que siempre sea la misma palabra y en el mismo tono…

Las visitas también tendrán que adaptarse al gato. Por ejemplo en vez de acariciar al gato de forma súbita acercar la mano lentamente hacia su nariz para que pueda olerle. De esa forma sabrá quién es y no le sorprenderá tanto el contacto. Es importante que los niños entiendan esto y que las primeras veces que estén junto a un gato ciego lo hagan supervisados y guiados por un adulto.

 

Así que en resumen, el gato ciego es capaz de adaptarse a todo si le damos un poco de tiempo. Y nosotros podemos ayudarle dándole un espacio seguro, minimizando el acceso a sitios que puedan ser peligrosos e interactuando con el gato con calma y cariño. Vamos, lo mismo que haríamos con uno que pueda ver.

 

Pero aunque su adaptación es mucho más sencilla que lo que a priori podríamos pensar mucha gente no lo sabe y muchos gatos ciegos pasan su vida en perreras o moviéndose entre casas de acogida porque los adoptantes los descartan por si resultan demasiado difíciles de cuidar. Incluso se sacrifican porque no se consideran adoptables. Michelle Hoffman, directora de Milo’s Sanctuary, indicaba en una entrevista que al 80% de los gatos abandonados con necesidades especiales se les practica la eutanasia, y los casos que llegan a una protectora pasan años antes de encontrar un hogar definitivo.

Si tenías pensado adoptar un gato y tras este artículo quieres darle un hogar a un gatete ciego te voy a presentar tres bellezas que ahora están buscando hogar. Si quieres adoptarles escríbeme o escribe directamente a la protectora en la que se encuentra, como quieras!

Blade, un bebé que está cuidando la asociación ADAAC y que actualmente está en tratamiento para ver si se puede salvar uno de sus ojitos. Es un amor de gatete, nunca quiere estar solo, demanda atención y juegos. Aunque ciego corre mucho y juega, es un kamikaze. Podéis saber más sobre Blade en este post de Facebook.

 

 

Canela, es una gata adulta que vive en un santuario gestionado por LARA. Llegó en un estado de salud bastante delicado y su visión, perdida debido a cataratas, no pudo recuperarse a pesar de ser operada. Es muy confiada y mimosa. Puedes leer toda su historia aquí.

 

 

Yué es otra jovencita, aún no ha cumplido el año. Los chicos de la Protectora Cap i cua están intentado que recupere su visión. La han operado y ahora está con tratamiento y seguimiento veterinario intensivo para ver cómo evoluciona. Podéis ver su historia aquí.

 

Su hermano Zuko está también en tratamiento y esperando evolución. Como veis, se llevan muy bien.