La llegada de la vejez a los gatos conlleva una serie de trastornos similares a los que podemos padecer nosotros: articulares, auditivos, comportamentales… Y también, cada vez más, cognitivos. Según investigaciones sobre comportamiento 1 de cada 3 gatos ancianos, mayores de 11 años, desarrollan Alzhéimer o demencia senil felina. Este porcentaje se va incrementando a más del 50% en animales de más de 15 años. La demencia senil en gatos, también llamada (no del todo correctamente) Alzheimer felino es una disfunción cognitiva, o lo que es lo mismo, una disminución de la comprensión del gato de lo que sucede a su alrededor y una alteración de su forma de relacionarse con ello.

El aumento de casos de demencia senil felina se relaciona, según la veterinaria Danielle Gunn-Moore de la Universidad de Edimburgo, con el incremento de la esperanza de vida de los gatos domésticos junto con la degeneración de las neuronas relacionados con la edad. Los cuidados veterinarios, una buena alimentación y un entorno no hostil alarga su vida (en las últimas décadas la media de vida de un gato doméstico se sitúa entre 16 y 21 años) pero también tiene su efecto colateral. No es que antes los gatos no pudieran padecer esta enfermedad, es que al morir más jóvenes no llegaban a desarrollarla. El riesgo de que el gato padezca la enfermedad aumenta a medida que cumple años, al igual que ocurre con las personas. Tal y como menciona Gunn-Moore en su trabajo, en los gatos mayores de 15 años la probabilidad de desarrollar esta disfunción cognitiva supera el 50%.

Este trabajo ya tiene 6 años pero junto a otro desarrollado en California fueron los primeros que consiguieron descubrir en el cerebro del gato una proteína llamada TAU, que es similar a las productoras del mal de Alzheimer en humanos. Esta proteína se deposita en las neuronas y produce una obstrucción en el paso de la información que procesa el cerebro. La enfermedad de Alzheimer en humanos es la principal causa de la demencia senil. Hasta entonces ya se sabía que los gatos podían desarrollar algún tipo de demencia pero estas investigaciones permitieron descubrir que es un proceso similar al que sucede en nosotros. La buena noticia con este descubrimiento no es únicamente la importancia de conocer lo que le sucede a nuestros gatos. Al duplicar los individuos que pueden padecerla la misma enfermedad es más posible descubrir información importante para su prevención y tratamiento. Por el momento, tanto el Alzheimer como la demencia senil son dos procesos degenerativos e irreversibles.

¿Qué síntomas tiene? Cómo podemos detectarlo?

Los síntomas son parecidos a los que podemos encontrar en una persona con Alzheimer o demencia. Pero aunque podamos notar ciertos comportamientos, sólo un veterinario podrá determinar si padece esta enfermedad o no, por lo que ante la presencia de cualquiera de ellos es importante llevar al gato a consulta lo antes posible.

El gato se desorienta en el hogar en el que siempre ha vivido: deambula por la casa, se para en medio de una habitación con la mirada perdida, se queda atrapado detrás de una puerta o en una esquina, no sabe cómo llegar hasta su comida o el arenero… Una de las principales alarmas en este sentido suele ser que el gato defeca en habitaciones lejos del arenero. El gato ha tenido la necesidad pero no ha sido capaz de encontrar el sitio correcto.

Cambia la relación con la persona con la que convive: pueden darse dos situaciones muy diferentes. O el gato requiere mucha más atención que antes (posiblemente porque se siente confuso y busca la seguridad de la persona que conoce) o se muestra agresivo (porque se siente inseguro o incluso porque no reconoce a la persona) o se esconde.

Maúlla fuértemente y sin motivo aparente. Sobre todo ocurre por la noche. El gato se siente confundido en la oscuridad y maúlla. También puede que sufra terrores nocturnos (llora, respira rápido…)

El sueño también es algo que varía: cambia su lugar de dormir o sus horas de sueño. Pasa durmiendo gran parte del día y suele estar despierto por la noche.

Tiene pérdidas de memoria evidentes: intenta entrar en sitios en los que no se le permitía, no reconoce la voz de su dueño, no reconoce un objeto cotidiano y lo que puede hacer con él. También se le puede ver repetir acciones porque no recuerda haberlas hecho. Por ejemplo, puede pedir comida unos minutos después de comer porque no recuerda que ya ha comido…

 

Su actividad también varía. Sus respuestas se vuelven más extremistas, se vuelve irritable o ansioso, o por el contrario no responde a los estímulos. Habitualmente reduce su actividad, no juega, no se asea con la misma frecuencia (se nota el pelo menos brillante y cuidado) o incluso puede dejar de comer o beber simplemente por falta de interés (o porque ha olvidado que debe hacerlo).

De nuevo queda claro la importancia de que un veterinario explore al gato en caso de detectar cualquiera de estos comportamientos por las consecuencias que pueden producir. La demencia puede producir que coma menos. La falta de alimentación puede producir un problema de salud. Es una bola de nieve.

 

¿Se puede prevenir o ayudar al gato con demencia?

La enfermedad no se puede prevenir ni detener, pero sí se puede retrasar o paliar en lo posible sus síntomas.

La alimentación de calidad y dietas especiales ayudan a que el gato tenga una buena salud. Algunos antioxidantes presentes en los alimentos o como suplemento pueden ralentizar el avance de la demencia. Un veterinario puede determinar si un cambio de alimentación en el gato anciano puede ser beneficioso en este sentido.

Ejercitar su mente también retrasa la aparición de síntomas. Juegos, ejercicio, novedades que supongan un reto para el gato… Los juguetes de inteligencia que incorporan comida puede ser un buen estímulo. Los compañeros felinos también son beneficiosos.

Una vez que se presenta la confusión y las pérdidas de memoria es muy importante mantener rutinas que le ayuden a saber qué va a pasar en cada momento del día. Incluso puede ser necesario reducir el espacio al que tiene acceso para minimizar la posibilidad de pérdidas o de situaciones confusas.

Repartir varios recipientes con agua por la casa. Es importante que beba mucho y puede no ser capaz de encontrar el recipiente habitual. Es importante que estén a la vista, sin obstáculos que puedan dificultar el acceso. Lo mismo ocurre con la comida y los areneros.

Los gatos ancianos siguen necesitando cariño y mimos. Aunque no los pidan tanto como los más jóvenes, sigue siendo importante para ellos saber que son queridos. Muy importante, no ignorarles. La falta de cariño también puede producir que su motivación y su actividad decaigan.

Y por supuesto, no reñirles si hacen sus necesidades fuera de la bandeja o maúllan en medio de la noche. A su estado de confusión se añadiría un reproche. Además, recuerda que no lo hacen con mala intención. Simplemente, no pueden evitarlo.
Más info en el abstract de Gunn-Moore (en inglés), aquí o aquí.