Todos los veranos sale en las noticias que es muy importante protegernos del calor y, lamentablemente, que alguna persona ha fallecido por las altas temperaturas. Los llamados “golpes de calor” son momentos críticos que pueden producir la muerte de una persona. Pero también afectan a nuestras mascotas. Un gato puede fallecer por un golpe de calor en cuestión de minutos. Así que os cuento qué son, como prevenirlos y qué hacer si os encontráis ante uno.

El golpe de calor es un momento de shock térmico. El cuerpo se sobrecalienta tras un fracaso de los mecanismos de termoregulación. El aumento de la temperatura y la deshidratación provoca que los órganos fallen, lo que puede ser fatal.

En el caso de los gatos el calor les afecta aún más que a nosotros. Las personas podemos sudar para regular la temperatura, pero nuestros felinos no tienen glándulas sudoríparas. Transpiran, sí, pero no rompen a sudar. Ellos liberan el calor a través de las axilas, las ingles y las almohadillas de sus patas, pero en menor cantidad y más despacio que nosotros. Además el golpe de calor puede producirse cuando el cuerpo supera los 40 grados. Las personas tenemos una temperatura habitual de 35 a 37 grados; los gatos suelen encontrarse en torno a 39.

Los principales grupos de riesgo, al igual que en personas, son los lactantes, ancianos, enfermos (problemas respiratorios, renales, diabetes…), gatas preñadas y los que padecen obesidad. Eso no significa que el resto de gatos se encuentre a salvo. Un ejercicio excesivo en las horas de calor, por ejemplo un juego enérgico, puede provocar el shock térmico.

¿Qué síntomas podemos detectar?

El gato está decaído, aletargado, apático, tiene pocas ganas de moverse. Al cogerlo no opone resistencia, se deja hacer, está débil.

Su temperatura está demasiado alta. Notar sus almohadillas calientes puede ser un indicio, aunque lo mejor es tomarles la temperatura con un termómetro. Ten en cuenta que a los gatos no se les mide la temperatura en las axilas sino de forma rectal, introduciéndolo aproximadamente un centímetro y ladeándolo un poco para que toque la pared del intestino. Recuerda que una nariz caliente no es un signo concluyente de fiebre.

Comprueba si está deshidratado, por ejemplo evaluando la humedad de las encías. Levanta con cuidado el labio superior y toca la encía con tu dedo. Deberías sentirlo húmedo. Cuando se está deshidratando sus encías comienzan a secarse. Si notas la encía pegajosa o viscosa, es posible que el gato esté mostrando los primeros síntomas de deshidratación. La encía y la lengua tenderán a estar más rojas de lo habitual.

Respiración rápida y sonora, jadea.

También aumenta su ritmo cardiaco.

A medida que avanza el golpe de calor pueden detectarse síntomas más graves como temblores, mareos, espasmos, vómitos, labios y conjuntiva azulados por la falta de oxígeno…

¿Cómo podemos prevenirlo?

Un sitio fresco donde descansar durante las horas de calor intenso. En los meses de verano los gatos están menos activos, duermen más, y es importante que puedan hacerlo en un lugar ventilado (¡aunque eso no significa que con una ventana abierta!). Una habitación pequeña y cerrada puede recalentarse; es conveniente darle acceso libre a toda la casa y que el propio gato pueda decidir dónde descansar. Seguramente escoja el suelo del baño o la cocina, por los azulejos, o incluso el lavabo y la bañera, ya que la porcelana se mantiene fresca.

Si sale al exterior es importante asegurarnos de que tiene zonas de sombra o acceso de nuevo al interior de la casa.

Y en zonas en las que el calor es especialmente fuerte la lavadora puede ser una aliada. Si utilizáis un tendedero plegable de pie seguro que habéis notado que vuestro gato se tiende bajo él cuando colgamos la ropa húmeda. Mientras se seca la ropa se crea una zona fresca muy agradable para ellos. Aún mejor, se puede formar una especie de tienda de campaña con una sábana o una colcha de sofá mojadas, que tardarán más en secar. Poner una alfombrilla húmeda para que pueda tumbarse puede ser buena idea también. Existen ya para ellos alfombrillas refrigerantes en el mercado que no hay que humedecer, el frescor dura más y se puede poner en cualquier sitio, aunque sea por ejemplo un suelo de parquet.

En los casos en los que el gato vaya a viajar en coche es importante mantener la temperatura fresca y en cada parada ofrecerle agua. En las paradas el coche siempre debe estar a la sombra y de ser posible es conveniente sacar el transportín al exterior. Un gato encerrado en un coche al sol puede sufrir un golpe de calor en apenas 10 minutos. Si en el coche no hay aire acondicionado las recomendaciones son abrir un poco las ventanillas para que circule el aire, llevar toallas y agua para humedecerlas, y viajar en las horas menos calurosas. Y nunca cubrir el transportín.

Mucho líquido a su disposición y en varias zonas de la casa. En verano el gato debe tener acceso a más agua de lo habitual, ya que puede beber hasta el doble de lo que bebe en invierno. Además el agua debe estar fresca en la medida de lo posible, por lo que cambiarla con frecuencia o añadir un par de hielos puede ser una buena opción. Una fuente de agua ayuda a refrescarla y a muchos el movimiento les atrae a beber.

Si el gato no es muy dado a beber se puede aumentar la ingesta de agua aumentando la alimentación de lata que come al día, que es más húmeda que el pienso. Incluso añadir una cucharada de agua a la ración de lata habitual puede ser positivo. También dar sabor al agua puede ser útil, por ejemplo sirviéndoles el agua en el que hayamos cocido pollo, una vez que se haya enfriado.

Y también puede convertirse en un juego. Congelar agua en un globo puede ser un juguete refrescante como podéis ver en este vídeo. No sólo parece gustarles sino que al tratar de sujetarla humedecen las almohadillas de sus patas, lo que les resulta refrescante.

Reducir la actividad en las horas de más calor. Dejar el juego para las últimas horas del día o para primera hora de la mañana. También la principal comida o el pienso seco, para que la digestión la haga en horas frescas.

Si se deja, humedecerle. Con las manos mojadas acariciarle especialmente en la zona de las axilas e ingles, la cabeza, el cuello y las almohadillas de las patas. No envolverle en una toalla o tela húmeda porque al estresarse y tratar de liberarse puede generar más calor.

Cepillarle cada día, especialmente a los gatos con mucho pelo o largo. Al eliminar el pelo muerto ayudamos a que no se concentre el calor en su cuerpo. Afeitarle no es una buena opción, ya que expone su piel directamente al sol.

¿Qué hacer si el golpe de calor ya ha sucedido?

Si detectamos síntomas del shock térmico hay que actuar rápido porque unos minutos pueden marcar una diferencia vital, y lo más urgente es bajar su temperatura. Si se puede hacer de camino al veterinario, aún mejor.

Intentar bajar la temperatura colocando en la cabeza y el lomo trapos húmedos con agua fresca pero no fría o helada, ya que puede ser contraproducente (provoca que los vasos se contraigan y la liberación de calor se produce más despacio). También puede ser útil mojarnos las manos con alcohol y frotar su cuerpo teniendo cuidado de que no toque los ojos, ano, boca y orejas. Es importante que no se lama en los siguientes minutos para dar tiempo a que el alcohol evapore, que favorecerá la liberación de calor. Las axilas y las ingles, así como el abdomen, son zonas importantes que debemos humedecer, preferiblemente con agua, pero no es adecuado envolverle en una toalla (puede impedir la salida del calor). Si es necesario poner al gato bajo un chorro de agua no demasiado fuerte ni fría y cuidando que no le entre en la boca, ojos y orejas. A medida que baje la temperatura la respiración debería normalizarse.

Humedecer las encías y poner a su alcance agua para que pueda beber pero no forzarlo a ello ya que puede llegar a ahogarse. Si bebe, que lo haga despacio y sin excederse.

Es indispensable que una vez que se normalice su respiración y el gato comience a responder se lleve a revisión al veterinario de forma inmediata. Aunque ya no detectemos los síntomas es posible que necesite medicación, oxígenos o más cuidados para recuperarse, y puede que el golpe de calor haya producido secuelas que deban ser tratadas aunque en un primer momento no las detectemos. Siempre es mejor que el veterinario diga que no le pasa nada a arriesgarnos y tardar en detectar que el shock ha provocado secuelas.

Algunas de las consecuencias de un golpe de calor pueden ser realmente graves como una insuficiencia hepática o renal, edema cerebral, hemorragias internas e incluso el paro respiratorio.

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