Aunque los pequeños felinos que habitan en nuestras casas aparentan casi siempre tener una vida feliz y tranquila, también se ven afectados por dos problemas muy presentes entre nosotros: estrés y ansiedad.

 
Lo primero y más importante es comprender la diferencia entre ambos.

El estrés es la respuesta a una experiencia puntual o un cambio en su entorno. Una situación temporal como una mudanza o la llegada de un nuevo miembro a la familia puede producir que durante unos días se sienta incómodo. O quizá sólo unas horas. La aclimatación depende de la capacidad del gato para gestionar los cambios en su vida.

Sin embargo en ocasiones este estrés permanece. El cuerpo del gato crea una respuesta anticipando lo que le ha causado temor. No es el propio hecho lo que genera la ansiedad, sino la posibilidad de que se produzca. Por ejemplo, si tuvo una mala experiencia al bañarle, abrir ese grifo en su presencia puede producirle ansiedad, aunque no llegue a mojarse.

Tampoco es saludable que presente ansiedad ante estímulos habituales del entorno que no le han producido daños en experiencias pasadas, como los ruidos fuertes o las visitas. Existe un desorden habitual que entra en esta categoría: la ansiedad por separación. Ir a trabajar o salir a comprar puede provocar manifestaciones como maullidos, depresión, arañazos en muebles, heces fuera del arenero, vómitos o simplemente que al estar en casa el gato siga continuamente a la persona de habitación en habitación.

Lo complicado de esta situación es que en ese momento veremos a nuestro gato huir o bufar o quizá otra expresión y debemos ser nosotros los que analicemos qué ha podido provocar esa respuesta para poder corregir su miedo.

 

¿Qué manifestaciones podemos detectar?

Algunas de ellas son tan conocidas y habituales como la presencia de orina en sitios no deseados. Eso no significa que siempre que el gato orine fuera de su arena significa que esté estresado. Sólo es una posibilidad, junto a una posible enfermedad o que el arenero (o la arena) que hemos elegido no sean de su agrado.

En un caso clínico de la UCM estudiado en 2009 se encuentra este gráfico que quizá pueda dar una idea de lo que puede haber detrás de algunas expresiones.

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Son divisiones muy genéricas, hay muchas muestras más concretas: intentos de huir, marcaje con arañazos o con orina, maullidos, se esconde, temblores, tensión, insomnio, apatía, agresividad, falta de interés por jugar, vómitos, taquicardias, autolavado excesivo, pica…

La pica es un síntoma que en muchos casos se detecta pero no se reconoce. Es el hábito continuado (eso es importante, no es una situación puntual sino una acción que repite con frecuencia) de comer cosas no comestibles como lana, plásticos, cartón. Puede estar provocado por un desorden alimentario o por ansiedad.

 

¿Por qué es importante tratar de eliminar la ansiedad?

Porque la ansiedad puede provocar cambios conductuales pero también llegar a producir un problema físico. Y no es ninguna explicación espiritual de la mente sobre el cuerpo ni nada parecido, es una relación mucho más directa.

Si la ansiedad causa un desorden con la comida puede hacer que el gato deje de comer y llegue a tener anorexia. O por el contrario, puede que coma en exceso. Si se da un atracón quizá regurgite la comida inmediatamente (los vómitos continuados no son nada buenos por varios motivos) pero si no lo hace a la larga le provocará sobrepeso, y como en nosotros puede conllevar problemas coronarios o en los huesos.

En el caso de la pica su importancia radica en que uno de esos productos no comestibles puede llegar a provocar una obstrucción y que sea necesaria una operación.

Hay otras posibles enfermedades que puede producir la ansiedad: asma, episodios recurrentes de cistitis, facilidad para contraer enfermedades víricas, alopecia… Incluso pueden producirse cambios posturales como caminar encorbado o mantener las pupilas dilatadas.

 

¿Y qué se puede hacer en estos casos?

Sobre todo, lo primero es intentar detectar el causante de la ansiedad. Puede ser necesario recurrir a un veterinario o a un etólogo para que nos den pistas o para poder tratar sus causas.

Pero sí hay algunas acciones que podemos llevar a cabo cada día para minimizar en lo posible la aparición de esta ansiedad, como los masajes y mimos (mejor sesiones cortas y frecuentes) y reservar momentos diarios para jugar y tener actividades con nuestro gato.

La alimentación también es un factor importante para combatir la ansiedad. Una comida variada evita la rutina, pero eso no significa que sea necesario cambiar cada día. También es importante que sea saludable. En mi opinión debe ser sin cereales por el exceso de azúcar que tienen, que puede producir (como en los niños) sobreexcitación. Un artículo muy interesante sobre esto se encuentra en el blog de La gatoteca.

Y también se puede trabajar con feromonas para calmar la ansiedad. Existen dos opciones en este sentido: Feliway como producto comercial y las flores de Bach, remedio homeopático alemán cada vez más utilizado en terapias humanas y en animales. Existen también medicamentos aunque personalmente no soy partidaria de introducir más química de la imprescindible si hay alternativas más naturales. Y desde luego nunca deben utilizarse sin la recomendación previa de un veterinario, que decidirá en cada caso si es necesario y la dosis adecuada.

Cada gato y cada problema es único, por lo que lo más importante es llegar a entender cuándo se produce el estrés, qué desencadena las muestras de ansiedad y trabajar a partir de ellas.

Quiero dejar una última reflexión, que me hicieron plantearme a mi en una gran charla sobre el estrés. En ocasiones la respuesta inmediata tras encontrar orina en el salón o un arañazo en el sofá es gritar al gato o castigarlo. Tanto si la respuesta la ha causado una enfermedad o una situación de ansiedad, ¿pensáis que un grito puede ayudar en algo en ese momento? Si algo os provoca ansiedad y en ese momento alguien os grita, ¿qué os produciría? A mi, bloqueo, pero sobre todo no disminuiría mi ansiedad. La ansiedad es la que provoca esas expresiones, más ansiedad no hará que desaparezcan. Quizá en esos casos sea necesario cambiar nuestra forma de ver la situación y afrontarla de una manera alternativa.

 

Para leer un poco más os recomiendo este artículo en Gattos y también este de Mundo animalia.