De todos es conocido el gran equilibrio que tienen los gatos. Y el dicho insiste en que sus siete vidas les libran cuando caen de grandes alturas. Pero la realidad es bien distinta. Una caída puede provocar grandes daños internos (algunos incluso letales), y quizá el susto le lleve a echar a correr y perderse. Aunque pueda parecer lo contrario, una caída desde un primer piso puede ser incluso más perjudicial que desde un tercero. El buen tiempo crea multitud de distracciones: bichitos que vuelan, un pájaro que se acerca demasiado, esa flor que se mueve y que casi puede alcanzar… y todo gato es experto en encontrar ese breve instante en el que decidimos abrir un poco la ventana para que corra el aire. Un movimiento demasiado enérgico, un error de cálculo o un exceso de confianza puede hacer que nuestro gato pierda el equilibrio y caiga por una ventana. Actualmente se pueden encontrar redes muy económicas y casi invisibles que permiten que el aire pase y evitan un disgusto para todos.