Seguro que todos en algún momento todos hemos jugado con nuestro gato haciéndole perseguir un diminuto punto rojo. Parece que se divierte… corre, salta, a veces casi consigue alcanzarlo… Pero ¿seguro que se está divirtiendo con todo esto?

Si nos pusiéramos en el punto de vista del gato ese pequeño punto rojo que se mueve tan deprisa nos parecería un ser vivo, es decir, una presa. Cuando el gato juega a perseguir el láser no está jugando, está cazando. Porque recordemos que nuestro gatito, ese juguetón que nos ronronea y nos persigue para conseguir mimos en sus genes tiene instinto de cazador, y muy bueno.

Imaginad entonces si como gato os pasáis un rato persiguiendo una presa que nunca podéis atrapar… Jugar con el láser puede producirles ansiedad y frustración precisamente por este motivo, porque nunca reciben la recompensa de la caza, la satisfacción de alcanzar su objetivo.

¿Debemos eliminar entonces este juego de nuestra casa?

Probablemente no. Se estima que un gato en libertad tiene éxito en su caza sólo un 10% de las veces, por lo que un poco de frustración no parece que vaya a producirle demasiado mal. Lo que tenemos que hacer es asegurarnos de que lo usamos bien. Que el gato persiga el punto rojo puede servir para que queme energía, o para que se distraiga si vemos que puede enfocarse contra otro gato. Pero es necesario que en ocasiones sí consiga cazarlo, por ejemplo, enfocando el punto sobre otro juguete (nunca sobre personas o sobre otros animales!).

Cuidado también hacia dónde enfocáis el láser. El gato estará tan concentrado en perseguirlo que puede olvidarse de mirar hacia dónde va y terminar golpeándose contra alguno de nuestros muebles.

Y por último, muy importante, recordad que el láser puede causar daño en el ojo del gato (al igual que en el nuestro). Nunca enfoquéis el láser directamente a sus ojos, ni siquiera  a su cara.

(Imagen de Borzywoj)